El Drama de la Hermandad Callejera


Jóvenes que están atrapados en su lucha por sobrevivir

domingo, 2 de abril de 2017 – 8:00 AM – Por: Leysa Caro González

La Coalición de Coaliciones ha identificado siete focos, entre 18 y 24 años, que dependen del trabajo sexual ante la urgencia de cubrir sus necesidades básicas.

Tienen entre 18 y 24 años. Andan en corillo con ese swing tan típico de su edad. Van acicalados, pelo pintado y uñas arregladas. Janguean juntos. Comparten vivienda. Se protegen.

Socialmente se les identifica como clusters o focos. “Hay un compartir que les permite sobrevivir la calle. Se vigilan las espaldas, se cuidan, entran en una hermandad callejera”, detalló Francisco Rodríguez, director ejecutivo de la organización Coalición de Coaliciones.

Se trata de una subpoblación dentro de esa demografía deambulante que por tantos años Rodríguez ha estudiado. Es un fenómeno que se puede manifestar en diversos escenarios, pero son los pueblos de mayor pobreza, oportunidades y escasez de empleos donde conviven. Viven del trabajo sexual de supervivencia.

Con la intención de continuar profundizando en el tema, la organización ha logrado identificar, a través de un primer esfuerzo, siete clusters: dos en el área sur, otros dos en la zona oeste y tres fueron localizados en el noreste. Usualmente coinciden con las ciudades de mayor crecimiento urbano.

Los grupos señalados tienen entre cuatro y siete miembros, están compuestos tanto por hombres como mujeres y no tienen un pimp (manejador del negocio) ni trabajador sexual permanente. Las ganancias obtenidas se les dividen entre sí. “La persona que realiza el negocio cambia dependiendo de qué es lo que el cliente está buscando”, señaló Ángel Bultrón, manejador de casos de la organización al detallar que se trata de un método de protección.

Ese continuo cambio de roles les permite despejar sospechas ante las autoridades. Resulta también en una forma de salvaguardar el negocio y su salud sexual, ya que les permite allegar un nivel más exclusivo de clientes. “Cuando se detecta que alguno de ellos está en un excesivo consumo de sustancias o está perdiendo el control se le retira la capacidad de poder hacer negocios”, abundó Bultrón.

Rodríguez, planificador, explicó que es un fenómeno que se manifiesta en áreas urbanas donde hay mayor concentración de recursos. Poco a poco, dijo, desarrollan una estrategia de moverse sin llamar la atención.

Desde el 2013, Rodríguez –junto a su equipo de trabajadores– comenzó a notar un incremento en el número de jóvenes que vivían en la calle, un alza que lo llevó a la inquietud.

El pasado mes de enero, aprovechó el Conteo de Personas sin Hogar para identificar a jóvenes entre estas edades a quienes les entregó un cuestionario adicional al que exige la mencionada encuesta con la idea de reconocer posibles conductas de trata humana.

“Empezamos a encontrar estas situaciones que no podemos llamarla o no me atrevería llamarla trata humana, pero tiene características”, señaló Rodríguez.

La trata humana consiste en un patrón de abuso en el que se obliga o coacciona a la víctima a realizar una serie de trabajos, prostituirse, robar o realizar algún tipo de trabajo en el que el victimario o tratante recibe algún beneficio. Desde el 2011 se han procesado unos 40 casos de trata humana en la isla, la inmensa mayoría en el ámbito federal.

Lograron identificar 250 jóvenes entre ese rango de edad. El 67% de estos, sin embargo, estaban entre los 18 y 21 años. En este mismo proceso dieron con los clusters y esta modalidad de protección grupal en ese sector poblacional.

Para Rodríguez, resultó en otra alerta las adicciones que presentaban algunos de los jóvenes a drogas no típicas de su edad que llegaban a su clínica, como la anfetamina, utilizada típicamente entre grupos mayores para adelgazar. “Por ahí es que empezamos la búsqueda y empezamos a indagar”, dijo Rodríguez.

Descubrió –a través de las intervenciones– que jóvenes estaban adictos a esta sustancia, ya que se les proveía para mantenerlos activos o “acelerados” y pudieran cumplir con su trabajo.

El perfil

Los factores para vivir del trabajo sexual dentro de estos focos, pueden ir desde el desempleo y la falta de estudios hasta la pobreza extrema.

El panorama de esta subpoblación es uno distinto a estudios que señalan que el detonante para ese primer episodio de deambulancia en el varón es su intervención en un incidente de violencia de género entre sus padres o cuidadores. En las mujeres resulta ser la violencia intrafamiliar.

En los jóvenes en cluster, un común denominador, según los hallazgos realizados, es que la gran mayoría son “hijos del sistema”.

De acuerdo con Bultrón, el 40% de los jóvenes que están en trabajo sexual de supervivencia, estuvieron bajo la custodia del Departamento de la Familia o están evadidos o, en algún momento, fueron intervenidos por personal de la agencia.

“Dentro de la historia de vida de los participantes está el que su trabajo sexual inició previo a la evasión, encontrando en él una manera de salir de ese espacio provisto por el Estado que le resulta opresivo”, indicó Bultrón.

“Cada uno de estos focos, aunque funcionan de la misma manera, son jóvenes que están juntos para manejar su vulnerabilidad y sentirse más seguros entre ellos”, dijo Bultrón.

“Lo que es positivo es la resiliencia de ellos como jóvenes, los adultos tendemos a separarnos y los jóvenes se unen y se crean estos clusters”, añadió Rodríguez.

Los municipios

Entre los pueblos en los que se han identificado estos focos de jóvenes –cuyos nombres se reservaron para no exponerlos– hay similitudes geográficas y culturales, pero las razones para que se dé este fenómeno social son mucho más profundas que una ubicación, advirtió Bultrón.

El manejador de casos explicó que, por ejemplo, los focos identificados en el norte se han desarrollado cerca de espacios donde los jóvenes estuvieron bajo el cuidado del Departamento de la Familia. “Salen de un hogar en común que está en equis municipio y se quedan en esa área porque es el área que dominan, que les es cómoda, que se sienten seguros y conocen a algún recurso comunitario”, dijo Bultrón.

Otras modalidades son, sencillamente, zonas urbanas de alto tráfico sexual, ya sea local o extranjero. “Es multifactorial. Va a depender del área geográfica, de qué está pasando con la policía, cuál es el nivel de opresión, si existen puntos de trabajo sexual que se mueven de espacio”, señaló Bultrón.

El atractivo de algunos municipios donde se han señalado estos clusters resulta ser, sin embargo, el poder adquisitivo y tráfico turístico de los pueblos adyacentes, apuntó Rodríguez.

“Son municipios que tienen una población de ingresos bien alta y flotantes porque son gente que tiene propiedades que las visitan dos o tres veces al año”, expresó Rodríguez.

En el limbo

Una de las mayores dificultades a las que se enfrentan entidades como la Coalición de Coaliciones en el alcance con esta población está en esa brecha que enfrenta todo joven entre los 18 y 21 años.

Para este sector, ese hueco –en el que son mayores para fumar pero menores para acceder a una vivienda pública de forma independiente– puede representar la diferencia entre su recuperación o la recurrencia.

“Hemos logrado estabilizar a jóvenes en una vivienda pero lamentablemente, ya sea por las deficiencias de servicios a los cuales no tienen acceso, tiene una recurrencia”, indicó Afife Torres, coordinadora de servicios de la Coalición de Coaliciones.

Un joven de 18 años no tiene acceso a vivienda pública, ya que no tiene entidad jurídica para firmar un contrato. La única opción viable es emanciparse, lo que desencadena en otra serie de problemas sociales, ya que muchos lo hacen casándose.

Esa vulnerabilidad y ausencia de ayudas y oportunidades los convierten en presas fáciles para los depredadores ante la necesidad de cubrir sus necesidades básicas de vivienda, alimentos y medicinas. “Ya el Estado no es responsable, el hogar sustituto tampoco, no tienen las herramientas para enfrentar el mundo adulto y no tienen la educación apropiada”, puntualizó Torres al agregar la ausencia de oportunidades laborales.

Poco a poco, explicó Torres, han comenzado a entablar conversaciones con agencias federales y estatales para canalizar esas ayudas de manera articulada y evitar intervenciones policiacas que desvirtúan los servicios y provocan que pierdan el alcance con los jóvenes.

La idea, tras esta primera intervención, es diferenciar y definir lo que es la conducta y comenzar a documentarla. “Lo que estamos hablando en estos momentos es para comenzar a documentar cuál es la población, el perfil y la historia de vida y el detonante para ese primer episodio de deambulancia”, indicó Torres.

“Es necesario identificar los recursos adecuados para que ese joven no vea el trabajo sexual como su manera de subsistir”, agregó Bultrón.